LA HUMANIDAD EN CLAROSCURO
Sencilla, insolentemente joven, dulce en sus maneras y con una forma de hablar casi susurrante, María Laura Ubeira sorprende por la solidez de sus ideas acerca del mundo de la plástica en el que decidió habitar. Si se quisiera encontrar la antípoda del modelo de joven más mediático y superficial que suele vendernos la publicidad y la televisión, ella sería esta pintora de apenas veinticinco años cuya obra muestra una insólita profundidad en lo conceptual y una destreza técnica poco común.
Es inevitable tratar de ajustar la imagen personal de Maria Laura con las que muestran sus pinturas, inevitable e inútil; su obra actúa como la contracara de su personalidad. Cada cuadro se transforma en una experiencia inevitablemente movilizadora al hacernos visible el mundo aterrador que subyace detrás de cada cuerpo, de cada rostro. Formas pesadas, volumétricas, atormentadas y, sin embargo, profundamente humanas. Podríamos decir que, a pesar de la dramaticidad con la que fueron tratadas, existe una cierta mirada piadosa de la artista, comprensiva, casi podríamos decir solidaria con el drama que expresan.
INTERSISTEMAS MAGAZINE: ¿Cuándo y por qué comenzaste a pintar?
MARIA LAURA UBEIRA: Cuando tenia diecisiete años, me enfermé de varicela y como tuve que estar 15 días en cama, mi madre, para que me distrajera, me llevo papeles y temperas. No imaginas las cosas que pinte en esos días; cosas que expresaban mi estado de ánimo; seres alargados, de rostros tristes, con ojos de los que caían lagrimas de sangre y arrodillados implorando al sol y a la luna. Todo muy surrealista, muy bretoniano. Pero debo confesar que sentía cierto placer en el sufrimiento de esos seres creados por mí. Sentía que tenia todo el poder sobre ellos y su dolor. Quizá todo demasiado catártico, no?
I.M.:¿Y esa sensación de poder sobre las criaturas que pintás, desapareció con el tiempo o aún perdura?
M.L.U.: Aún se mantiene. Hace poco terminé una obra en la que una niña seduce a un hombre. Esta se le presenta a la noche y lo provoca, lo seduce para luego desaparecer, gozando con el dolor que le dejó. Es una especie de homenaje a Lewis Carroll y su amada Alicia.
I.M.:¿Dónde te formaste?
M.L.U.: Estudie en el Regina Pacis de San Isidro, de donde egresé con el titulo de Maestra Nacional de Dibujo en el año 1992, y en 1995 termine el Profesorado de Pintura en la Prilidiano Pueyrredón y debo decirte que si bien la escuela me dio un montón de herramientas técnicas, la formación allí es todavía demasiado academicista. Claro que el equilibrio, la composición, el color, son factores importantes en una obra y se debe saber manejarlos con soltura, pero cuando una se encuentra frente a una tela, se da cuenta que le falta algo más. La vida allí afuera.. Afortunadamente tuve un gran profesor, Germán Caporale, quien me enseño a desprenderme de toda esa estructura y a rescatarla solo cuando fuera necesario.
Escucho, observo con aprensión un paisaje en el que predominan azules apagados (me tienta escribir agónicos), algo que parecen montañas lejanas y en primer plano dos personajes de rostros evanescentes; me pregunto como una joven de veinticinco años puede generar espacios de tanta sugestión, tan bellos y al mismo tiempo tan aterradores. Miro, mientras escucho, el reverso de la fotografía de la obra. Se llama "La expulsión de Adán". Curioso, sólo de Adán. ¿Será que el nombre de una obra abre el juego a nuevas lecturas, a nuevas significaciones que trascienden lo que ya está involucrado en sus contenidos expresivos?.
I.M.: ¿Cómo definirías tu pintura?
M.L.U.: No es fácil definir mi pintura; puedo pasar del naturalismo al surrealismo en grandes formatos y luego hacer una obra abstracta en pequeño formato. Por otra parte he transitado por muchos estilos y maestros. Primero fui surrealista, una escuela muy afín a los adolescentes. Pasaba largos ratos mirando obras de Dalí y Vito Campanella. Después me desplacé para el lado cubista y abstracto, pero de una manera diferente. Disfrutaba mucho armar y desarmar estructuras y jugar con el color. Pero sólo eran juegos. Me gustaba mucho imitar o reproducir trabajos de Picasso y de Juan Gris, sólo para distraerme, por puro placer lúdico. La estrella principal de mi pintura es la figura humana , ésta expresa infinidad de sentimientos, actitudes, sueños, situaciones, yo prefiero expresarlo a través del cuerpo. El juego de luces y sombras, el drama y tensión de los cuerpos y lo que desaparece de ellos en la oscuridad.
Lo surreal parece seguir estando presente en su pintura; observo una figura humana con cabeza de ave sentada frente a una ventana. En las sombras que la rodean, se percibe una jaula. Atmósferas fantásticas, seres oníricos de extraña belleza. Otra vez la realidad y el sueño, el espejo de dos caras. Una constante en la obra de Maria Laura Ubeira.
© Guillermo Roffé Intersistemas Magazine1997
"ASÍ EMPEZÓ.."
...Hasta el martes 21 último, Maria Laura Ubeira exhibió sus obras divididas en tres series: Así empezó..., De la entrada al fuego y Ayer, hoy, mañana. Egresada de las escuelas de arte Regina Pacis y Prilidiano Pueyrredón, Ubeira viene participando desde 1991 en diferentes muestras individuales y colectivas.
"En esta ocasión -dijo-, presento trabajos realizados en óleo y técnica mixta, donde destaco la figura humana y la naturaleza muerta. Aunque acostumbro a variar la temática sobre la tela y juego con el claroscuro, los contrastes, para darle un leve dramatismo a la obra. Luego de experimentar varios caminos, uno ya siente una cercanía más profunda con la pintura".
Andrés Asato
Jueves 23/10/1997
VISIÓN Y PLASTICIDAD
Maria Laura Ubeira, sutil pintora expresionista, enfrenta en sus telas las incógnitas del siglo XXI cuya humanidad, se ve arrojada hacia una fuerte dicotomía, tanto ética, moral, como económica.
Los filósofos y pensadores del anterior siglo cifraban sus esperanzas de redención en la tecnología para aliviar las penurias que significaban el terrible esfuerzo físico laboral. Recomendemos el film de Chaplin, "Tiempos Modernos" (año 1928?) donde el hombre era fagocitado por gigantescas maquinarias industriales. Esos anticipos significaban el mayor drama del hombre, y así lo refleja hoy con gran patetismo, Maria Laura Ubeira en esta extraordinaria versión plástica que tituló "El salto", donde el humano, adherido a una invisible polea tecnificada es llevado hacia lo ignoto. Su rostro muestra perplejidad, y los pinceles de la artista recalcan una atmósfera de incertidumbre. "Estudio III, El carnicero" cuadro que fue resuelto entre dos planos con sugestiva síntesis plástica, muestra el rostro del personaje y la falta de respuestas en el mundo actual.
La felicidad de pintar y dibujar en Ubeira la vemos en su cuadro "Estudio de modelo" donde a trazo suelto, desliza sobre el papel un sintetizado improntus
de libertad expresiva, siguiendo sus leyes propias estéticas y espirituales.
Necesito también destacar que Ubeira fue merecedora del Gran Premio de Honor con Medalla de Oro, obtenido en el concurso "Verano 2001" de la Galería Núcleo de Arte. Su obra titulada "Ruta 33" mostró un riguroso planteo plástico donde la luz se convierte en un factor de vibrante emoción y exquisita composición.
Maria Laura Ubeira, de esta forma, se debate entre una realidad exterior, planificada de dependencias, y su realidad interior que son sus propias armonías.
© Yaco Nowens
Julio, 2001
Año 17 Num. 75